miércoles, 4 de marzo de 2015

Triunfo de la muerte


 Cinco días y seis noches de pestilencia. De  tos maldita que flagela la laringe, de flema que se mete como un turbión de lodo  y piedras a los oídos. De rollos y rollos de papel
higiénico por todo el departamento como un camposanto luego de una apocalíptica batalla viral. Dolor de cabeza de pesadilla, ojos inyectados en sangre y sudor a chorros por todos los poros  del cuerpo. Entiendo porque Bedrich Smetana se volvió loco en esta ciudad luego de gripes y resfríos sin curar que finalmente lo dejaron sordo. Pero son felizmente otros tiempos, la medicina ha evolucionado  y la atención medica es
además un derecho al alcance de todos. Por lo menos así lo creía.
El tiempo

Me voy  al "akut" para pedir ayuda a un medico. Luego de una larga espera en el salón y el obligatorio pago de cien coronas paso al consultorio mientras  todavía toso y me limpio las narices. La doctora que me atiende me pregunta que es lo que tengo y le digo:  síntomas. Luego de un examen de tres segundos, uno en la espalda, otro en el corazón y el último en la garganta,  me dice que tengo un simple, vulgar, ordinario  resfrío pues todo se ve bien. Luego se levanta como un Coloso de Rodas frente a mi con los brazos  cruzados y me pregunta a bocajarro  que es lo que realmente quiero, ¿quizás un certificado medico para quedarme en casa unos días mas y no asistir al trabajo?

No entiendo nada pues me encuentro de pronto en una comisaría policial y no en un centro médico. Soy el criminal que he llegado hasta allí solo para mentirle en la cara a la galena.
 - Lo único que quiero es estar en buenas condiciones para trabajar mañana, así de simple, le digo. 

Con andariveles. Hacia donde?

Finalmente me dice que lo único que puede hacer es recetar, si así lo deseo, un jarabe de mierda para la tos y punto,  y que soy bienvenido de todo corazón la próxima vez,  entendiéndose por ello solamente cuando llegue arrastrándome y no de dos pies.  - No gracias, ni muerto le digo en mi idioma mientras salgo apresurado de allá y el reloj marca once segundos después de mi entrada al cubículo.
Nada raro que la medicina alternativa y la indolencia en este país, por no llegar a palabras mayores,  son industrias en constante crecimiento.



©Yarko Rhea Salazar, febrero 2015


lunes, 16 de febrero de 2015

Tomasa, La novela del exilio

  
"Tomasa": La novela del exilio.

Comenzar con esta entrevista tiene sus connotaciones. Es como conversar, muchas veces, consigo mismo. Vivir en el “exilio” tiene una parte anónima, pues el nombre pasa a transformarse en un “número”. Es la forma de acceder a la nueva sociedad, en este caso a la sueca.

Carlos Decker Molina nos lleva a indagar el enigma del refugiado y a través de su escritura podemos redescubrirnos. ¿Quiénes somos realidad?
Carlos, es el amigo de caminos anchos y sendas angostas de la vida. Periodista primero y escritor después,  nos presenta su último trabajo literario.

”Tomasa”, título de su novela, obtuvo un merecido tercer puesto en el Premio Internacional de literatura patrocinado por la Editorial Kipus de Cochabamba (Bolivia) el año 2014. Entre los concurrentes figuran escritores de trayectoria como el ganador, el boliviano Gonzalo Lema y el colombiano Armando Caicedo, radicado en los Estados Unidos.

Luego de felicitarlo al amigo y compatriota dialogamos con él sobre su vida y su novela.

-       Evidentemente, como dijiste, más que escritor soy periodista. Comencé en Bolivia, a los 19 años, en radio sindical ferroviaria El Cóndor de la ciudad de Oruro. Me inicié como reportero y lector de noticias. A los 21 años fui director de misma emisora y  dos años más tarde refundé radio Universidad de Oruro y fui nombrado corresponsal del diario Los Tiempos de Cochabamba.

En 1971, Decker-Molina salió al exilio como cientos de sus compatriotas. De acuerdo a su relato trabajó en la Agencia Inter Press Service (IPS) hasta que se produjo el golpe militar en Chile (1973), recalando luego en Paris, donde le encomendaron la corresponsalía de Le Monde Diplomatique en español.

Munido de esa credencial y por otros motivos retornó a América Latina, concretamente a la Argentina. Luego de una temporada breve en Buenos Aires pasó a radicar en la provincia de Salta y allí trabajó  en el Diario Intransigente y en El Tribuno.
En Le Monde Diplomatique español,  se publicaron un par de textos entre ellos una entrevista con José Fellman Velarde, ex canciller boliviano, que comentó el “abrazo de Charaña” entre los dictadores Banzer y Pinochet, que pretendía resolver el problema marítimo de Bolivia.

Ya en Suecia, donde llegó a finales de 1976, trabajó en Radio Suecia Internacional desde 1978 hasta 2004. Decker-Molina se jubiló en el cargo de Jefe de Redacción de la Unidad de lenguas extranjeras de Radio Suecia Internacional. 

Relató que, alternativamente, trabajó de corresponsal de varios diarios, entre ellos Página 12 de la Argentina, el semanario Brecha de Montevideo y El Día de México.
En la actualidad es colaborador de varias publicaciones entre otras Página Siete de La Paz, Los Tiempos de Cochabamba y La Patria de Oruro.

“Para mí, el periodismo, es un modo de vida”, me dijo en esta amena charla telefónica a tiempo que me recodaba que tiene cuatro libros publicados, pero insistió cuando lo califiqué de escritor: “¿Escritor? No sé, lo que sí sé es que soy periodista”.
Insistí en el sustantivo escritor porque estoy enterado de sus libros Nicaragua; Poder Popular, un libro de entrevistas y reportajes a los líderes políticos de Nicaragua a propósito de la primera elección democrática que se celebró en ese país centroamericano.

Su segundo libro es una larga crónica que se podría calificar de ensayo periodístico a propósito de la desaparición del muro de Berlín y las consecuencias políticas e ideológicas. Me recordó el título de ese su trabajo es La Historia se Escribe Ayer, tiene mucho de crítica y quizá de auto críticas a la “traslación mecánica del modelo soviético” y sus modificaciones posteriores en América latina. De alguna manera el libro de Carlos avizora la llegada triunfal del neoliberalismo.

El exilio nuestro de cada día, es el tercer libro del periodista/escritor que fue editado por Los Amigos del Libro, una de la editoriales más importante de Bolivia.

Son pequeñas historias que cuenta el exilio latinoamericano, que llega, no sólo a Suecia, sino, a todas partes del mundo, nos dice y agrega: “Son anécdotas, historias, leyendas y patrañas que retratan al exilio, no con tonos trágicos sino, más bien con humor”, tiene le humor propio del derrotado.

El penúltimo, antes de Tomasa,  es Sobrevivientes. Requiem para el Siglo XX,  “un texto, que de alguna manera es mí despedida de Radio Internacional Suecia” nos dice y continua: “Es un agradecimiento a todos los colegas que me enseñaron mucho de sus culturas; árabes, persas, albaneses, exjugoslavos, turcos  que sin querer queriendo, me transmitieron su literaturas, su poesía, su música y su política”.

Sobrevivientes de Decker-Molina es un buen ejemplo del llamado New Journalism. Las viejas noticias, la entrevistas pasadas en el tiempo se vuelven realidad gracias a que esos hechos periodísticos se permanentizan gracias a la literatura. Algunos de esos textos están más cercanos a los cuentos en tanto que otros son relatos basados en entrevistas o cartas escritas en la emergencia de la huida.

Finalmente Tomasa es la primera novela de Carlos Decker-Molina.

El libro tiene dos planos superpuestos, el sueco y el boliviano. O tal vez mejor el plano de relator-protagonista, un periodista sueco con veleidades latinoamericanas y el plano de Gualberto el indígena boliviano que llega a Suecia a los 23 años, pero que dejó su patria y su madre Tomasa cuando solo tenía 12 años. Es su primer exilio en compañía de su padre, quien muere luego en la zafra salteña. Gualberto se enrola a la guerrilla del ERP y luego del desastre argentino llega a Suecia.
El sueco que relata la vida de Gualberto lo hace por encargo de Pia, su ex mujer a quien abandonó porque ésta se enamoró de Gualberto, el “indian”. El triángulo nos acompaña durante todos los capítulos. Pero, “hay otro plano que no lo has tocado”, me dice y el psicológico.
Es cierto, el relato está intercalado por mensajes, poemas, escritos, garabatos, dibujos y hasta una fórmula matemática que trata de descifrar el problema existencial de Gualberto.

¿Por qué llamas Tomasa a tu novela, si ella es solo una sombra en toda la historia?

-       Tomasa es el nombre de una criada que tenía mi abuela. Es un homenaje a ella. Era una niña que se crio en la casa de mis abuelos maternos. Las criadas eran un fenómeno muy frecuente en la  Bolivia de antes de la revolución de 1952. Nunca quiso que le enseñara a leer ni a escribir, a pesar de mis esfuerzos. Al final salió de la casona, bien casada con un trabajador de las minas. He perdido contacto, pero, le tengo un cariño conciencial, porque en el fondo sabía que mi familia le había mutilado la libertad. Decidí bautizar mi novela con su nombre, pero, la historia no tiene nada que ver con  ella.

En la novela que comentamos hay un capítulo cuando el relator/protagonista y el personaje principal viajan a Angered en busca de información sobre Bolivia. ¿Por qué ubicaste esa escena en mi barrio?

-       Los bolivianos tenemos mucho de gregarios y comunitarios. Nos gusta la comunidad (tal vez nuestro antecedente indígena), quizá para “estar” en el país ausente a través de la comida, la música y sobre todo el folklore. Creo que en alguna parte de la novela escribo que “la calidad de boliviano pasa por el folklore”, es decir que se es más boliviano en la medida que se baila una morenada o una diablada.
-        
Esa actitud gregaria, me dice Decker-Molina, puede ser perjudicial en el proceso integrador a la sociedad sueca y un conflicto de elección para la generación  que nace y crece en Suecia, pero que “piensa” en Bolivia.

En la novela de Decker-Molina hay un personaje entrañable llamado el Yatiri, un embaucador que lee el futuro, pero no en hojas de coca como los verdaderos adivinos del incario, sino en dólares porque se asemejan al verde de la coca.
A propósito de este personaje, podemos decir que en la obra de Decker-Molina hay roles que aparecen una vez y desaparecen, son solo hitos que muestran una determinada historia que se suma a la búsqueda de la vida de Gualberto. Ese es el caso por ejemplo de un abogado que aparece en la oscuridad de un club nocturno de Oruro y dice lo que suele caracterizar a la burguesía o el argentino de Paris que cuenta sobre la guerrilla del ERP en la Argentina. Capítulo en el que Gualberto dice: “Quiero instruirme porque nadie me puede explicar que es la plusvalía”.

Debo confesar que la novela de Decker-Molina me toca personalmente y pienso que lo mismo pasará con otros lectores, porque, tiene un fondo psicológico muy profundo, sobre todo en “los intercalados” que aparecen entre los capítulos. El autor usa incluso de la poesía pesimista, suicida, acongojada y depresiva.
“Porque el exilio es un estado psicológico” me dice y espeta: “Sufrimos Suecia en Bolivia y sufrimos Bolivia en Suecia”. Aprovecho para preguntarle si escribe poesía. Decker-Molina me recuerda y me dice el poeta es mi hermano Iván, la que aparece en Tomasa es poseía adrede para formar el cuerpo de la novela.

Tu novela está dedicada a Silvia, ¿quién es?  “Es mi madre, murió muy joven y siendo Tomasa la madre ausente de Gualberto que se vuelve una obsesión es también la metáfora de la patria ausente. Seguramente a Silvia, mi madre, le habría gustado leerla. La madre suele ser tu patria privada.

Hay muy poca literatura boliviana en Suecia, a qué se debe esa ausencia, le pregunto.
Carlos  mi mira y sostiene que Bolivia no tiene ni un Borges, ni un Garcia Márquez y tampoco un Carlos Fuentes. Pero, quizá mejor porque tanto Argentina, Colombia como México deben “matar” a sus padres literarios para no ser copias débiles.
Lo que le hace falta a Bolivia es que sus escritores eleven lo nacional a la escena global. Paz Soldán es el más conocido porque pertenece a la casa editorial Alfaguara, es profesor de literatura en una universidad estadounidense y tiene premios. Pero hay una nueva generación más atrevida, con un  lenguaje desenfadado como Rodrigo Hasbún, Giovana Rivero y Cristina Zabalaga, ésta última muy cinematográfica en sus descripciones. Otro tema son las traducciones. Una mayoría de países tiene cupos estatales para pagar, por lo menos, parte de las traducciones, algo que Bolivia carece.
No hay que perder la paciencia y la esperanza, porque Bolivia tienen excelente escritores como Ramón Rocha por ejemplo.

¿Finalmente dónde se puede comprar tu novela y, tal vez, los otros libros que has escrito?

Tomasa hay para comprar en la librería Hedengren de Estocolmo situada en Stureplan. Pienso que Hedengren puede recibir pedidos por e-mail, es cuestión de entrar en su sitio web.
La otra alternativa es ponerse en contacto con la editorial Kipus de Cochabamba, Bolivia a través de su página en internet y hacer el pedido.
Mis otros libros pienso que están agotados. Sobrevivientes hay en Hedengren, quizá uno o dos ejemplares.

Agradecía a Carlos Decker-Molina y le transmití las felicitaciones de los bolivianos de Angered por su triunfo literario.

José H. Romero J.







sábado, 17 de enero de 2015

Canciones de Matilde Casazola atraviesan fronteras del idioma

EL DIARIO / LA PAZ / BOLIVIA
La emblemática poeta y compositora Matilde Casazola fue homenajeada en un disco grabado por la sueca Gitte Palsson y el guitarrista boliviano Juan Carlos Cordero en el disco “Canciones de Matilde”.
El guitarrista anunció que la grabación del disco fue realizado en 2014, aunque las canciones de Matilde Casazola fueron traducidas al idioma sueco, que llevó más de 20 años realizar estas primeras traducciones. “Es un honor para nosotros tener el aporte comprometido de la compositora en esta producción”, acotó.
Matilde estuvo participando activamente dando sugerencias para el proceso de la producción, en las correcciones dentro de la ejecución guitarrística y grabó el poema “A veces quisiera” con el que comienza el disco y acompaño a Palsson y Cordero en  la última canción “De regreso”.
La cantautora sucrense Matilde Casazola, que llegó a La Paz para participar de la conferencia y del recital, expresó su emoción de compartir con artistas como Guitte Palsson y Juan Carlos Cordero. “Ahora mis canciones, mi poesía, la música serán escuchadas a través de la interpretación de Gitte con el acompañamiento de la guitarra de Juan Carlos Cordero serán difundidas en otras partes del mundo y en otro idioma”, dijo Casazola.
A su turno Gitte Palsson, emocionada por el trabajo y sobre todo, por la admiración a la compositora Matilde Casazola, destacó que a través de las canciones, observa la unión de dos países, surgiendo una amistad entre Bolivia y Suecia. “La cultura nos puede crear puentes culturales, de amistad, de solidaridad y de entendimiento y estoy segura que muchos suecos van a querer a Bolivia, gracias a Matilde Casazola”.
En 1983, la joven sueca Gitte Pålsson llegó a Bolivia para trabajar como voluntaria y terminó aprendiendo guitarra con Matilde Casazola. Tres décadas después, la alumna preparó un homenaje a su maestra en su idioma. “Éste es un compromiso que asumí hace más de 25 años. Cuando aprendí los temas de Matilde  consideré que sería muy lindo compartirlos en mi país, en mi idioma, para que la gente aprecie su poesía”, afirmó la cantautora.
La artista trabajó tres años en el proyecto, financiado enteramente por ella. Pålsson, además, tradujo seis temas. El resto lo hizo su compatriota, el poeta Johan Cronehed.
El disco será grabado en dos idiomas; sueco y en español. Contiene canciones que fueron grabadas por primera vez, como “Ser Feliz”, “El milagro”, “Detrás de la niebla”.
Finalmente anunciaron que el próximo 17 de enero estarán en Oruro en el Salón Libertad del Gobierno Municipal. En Sucre estarán dos días, el 22 Matilde Casazola recibirá el reconocimiento en el Teatro “3 de febrero” y el sábado 24 dará el concierto en el Auditorio del CBA. El 28 de enero estarán en Cochabamba, y el concierto será en el auditorio del Martadero; concluirán en Santa Cruz el día 29, en la Casa Municipal de Cultura “Raúl Otero Reiche”.

jueves, 8 de enero de 2015

La obra de Casazola adquiere nueva voz en la sueca Gitte Pålsson Disco. La cantante europea tradujo diez canciones

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Soruro / La Paz
00:46 / 08 de enero de 2015
En 1983, la joven sueca Gitte Pålsson llegó a Bolivia para trabajar como voluntaria y terminó aprendiendo guitarra con Matilde Casazola. Tres décadas después, la alumna preparó un homenaje a su maestra en su idioma. “Éste es un compromiso que asumí hace más de 25 años. Cuando aprendí los temas de Matilde  consideré que sería muy lindo compartirlos en mi país, en mi idioma, para que la gente aprecie su poesía”, contó la cantautora.
Y esto se concretará mañana con la ch’alla y presentación del disco Canciones de Matilde, que Pålsson y el guitarrista boliviano Juan Carlos Cordero grabaron en enero del año pasado en Sucre. El acto se realizará a las 18.00 en la Fundación Mamani Mamani (c. Indaburo 712) y será seguido por un recital en el Museo de Instrumentos Musicales (c. Jaén 700). 
La placa tiene diez composiciones interpretadas por Pålsson en castellano y en sueco. “Éste es un proyecto tanto pedagógico como musical. Quiero que el disco pueda ayudar al aprendizaje del español o de mi idioma”, agregó la también maestra de música. La artista trabajó tres años en el proyecto, financiado enteramente por ella. Pålsson, además, tradujo seis temas. El resto lo hizo su compatriota, el poeta Johan Cronehed.
No son traducciones literales, advirtió Pålsson, ya que muchos no conservarían el sentido que le dio Cazasola, por lo que algunas letras fueron modificadas para que el significado trascienda. “También influyó mi propio sentimiento. Estas canciones funcionan cuando tú las asimilas con el corazón. Por ejemplo, mi versión de Viento pasajero se refiere más a lo pasajero de la memoria más que a un amor no correspondido”, agregó.
La misma compositora sucrense participó en la producción. Ella asesoró a los intérpretes, grabó un poema, A veces quisiera, con el que comienza el disco, y acompañó a Pålsson y Cordero en la última canción De regreso, la única que no fue traducida.
Cordero lleva ya tres años trabajando con la música de Casazola. “La grabación representó todo un reto, ya que Matilde cuida mucho la interpretación de sus composiciones y tiene reglas para el rasgado y las pisadas”, contó. La placa discográfica se presentará a mediados de año en Suecia. Por esas fechas además saldrá un cancionero bilingüe.

 Fuente: La Razón / La Paz/ Bolivia

viernes, 26 de diciembre de 2014

La Wiphala en el Vaticano

Ed. Impresa DESDE LA TIERRA

La wiphala en el Vaticano

Por Lupe Cajías - 25/12/2014

En el mes de la Navidad, el papa Francisco concelebró la “Misa Criolla” en honor a la Virgen de Guadalupe, la patrona del continente moreno, en la Basílica de San Pedro, en el centro del Vaticano, y la única enseña que acompañó a los miles de asistentes fue una bandera triangulada que se ha popularizado como la representación de los pueblos indígenas precolombinos, la “wiphala”.
Varios historiadores sostienen la tesis de que ese símbolo es parte de la construcción del imaginario indigenista adaptado recién en los años 70 del Siglo XX y su forma ajedrezada está más relacionada con las banderolas renacentistas que con los tejidos andinos. Pese a ello, en todo el mundo se reconoce a la “wiphala” multicolor, como parte de la resistencia contra el coloniaje. Sobre todo, desde la ascensión de Evo Morales Ayma a la Presidencia de Bolivia, muchos grupos rebeldes se apropiaron de la “wiphala” en sus protestas en Buenos Aires, Sao Paolo o Guatemala. La “wiphala” es símbolo consagrado en la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional y flamea al lado de la tricolor. Los uniformes de policías y militares la lucen y se impuso en plazas y balcones.
Lo curioso es que ninguna otra bandera latinoamericana estaba presente en el altar de San Pedro; al menos, así lo reflejó la trasmisión televisiva. Casi ochocientos sacerdotes de la América española y portuguesa acompañaron al Papa argentino y los miles de asistentes eran diplomáticos o migrantes de esta región.
La Guadalupana, cuya fiesta se celebra el 12 de diciembre, es la bella imagen morocha y la historia pionera de la relación compleja, contradictoria y a la vez fecunda de los aztecas, mayas o incas con la religión católica. La Virgen marcó el rostro más bondadoso de la colonización, protectora de bandidos y de revolucionarios.
Muchos lloraban mientras sonaba el carnavalito cochabambino antes de la comunión, o el pampeano Hossana y el famoso Santus de la “Misa Criolla” que representó hace medio siglo el momento supremo del folklore criollo.
Casi todos los rostros de los feligreses tenían las huellas del mestizaje, igual que el colorido de las prendas y el rizado de los cabellos. El papa Francisco asegura cada momento la fuerza de Latinoamérica como reserva espiritual y religiosa y amplía su crítica a la Iglesia rígida, mentirosa y falsamente púdica.
No será imposible verlo dentro de algunos meses en calles bolivianas, casi tres décadas después que el embajador boliviano ante el Vaticano, Huáscar Cajías, trajera a Juan Pablo Segundo, para alegría de todo el pueblo católico y las wiphalas.
La autora es periodista

domingo, 21 de diciembre de 2014

"Tomasa", de Carlos Decker-Molina, y los exilios

”TOMASA”
Ed. Impresa Novela finalista del Primer Premio Internacional de Novela Kipus 2014, “Tomasa”, del boliviano Decker-Molina, es analizada por la también escritora Rosario Quiroga de Urquieta, quien observa: “Desde la voz de un narrador-protagonista, un tema que desarrolló.

“Tomasa”, de Carlos Decker-Molina, y los exilios
Fuente: Por Redacción Cultura - Los Tiempos - 20/12/2014

Rosario Q. de Urquieta (*)

Carlos Decker-Molina, boliviano, radicado en Suecia desde el 1976, periodista de profesión, es el autor de “Tomasa”, obra finalista en el Premio Internacional de novela Kipus 2014.

Percibimos que para Carlos Decker-Molina el periodismo ha sido el arranque de su inspiración literaria y hasta pudiésemos afirmar que se ha nutrido casi en su totalidad de esta su experiencia en el aprendizaje de la escritura. Experiencia-aprendizaje que, en el caso concreto de “Tomasa”, ha contribuido a concebir, gestar y dar a luz un organismo narrativo bien ensamblado en las partes que lo componen –salvo algunos desniveles que le restan fuerza al fluir anecdótico– que se concreta en una propuesta significativa. Las bases de su proceso creador están en las referencias a la realidad tanto inmediata como mediata.

Desde la voz de un narrador-protagonista, un tema que desarrolla la novela es el exilio, por supuesto que éste no excluye otros; más bien los apuntala.

En “Tomasa”, el exilio tiene varias fisonomías dentro su carácter voluntario o impuesto.

Tomaremos la vida de Gualberto como eje generador en el desarrollo de este tema. Gualberto, quien según el informe de la Policía sueca es un refugiado político de América Latina, guerrillero revolucionario del pueblo, registrado bajo el número de 530802-9159 y con los rasgos psicológicos de un obseso depresivo.

Siguiendo el itinerario de vida de este personaje y en consecuencia a los recurrentes desequilibrios emocionales que sufre por sus carencias, deducimos que vive el síndrome del exilio. Exilio que grita desde varias voces: ¿De dónde soy? Exilio de espacio, de pertenencia. Pérdida de territorio que le dé identidad propia: “nací boliviano, luché argentino y moriré sueco”.

¿Quién soy? Exilio del amor. Pérdida del calor y la ternura maternas desde el tiempo de la infancia. Tiempo que dibuja el rostro de la orfandad en las circunstancias ya vividas. “Mamay/ deja de mirar el horizonte/que yo no soy yo. /Aquel que tiene tu piel/ es sólo una mancha de sangre”.

¿Adónde voy? Exilio de futuro. La vida sin rumbo, sin derrotero que se manifiesta en estados psicológicos negativos, destructivos recurrentes en una dolorosa como crónica depresión que encarcela la esperanza del reencuentro. “¿Si soy un fantasma en la vida, seré una realidad en la muerte?”.

A “Tomasa”, personaje, la conocemos a través de terceras personas: “La Tomasa era muy trabajadora… era linda, chaskañawi, valluna, de buenas caderas, era chichera”. Hubiera sido interesante acercarnos a ella a partir de acciones más directas, ejecutadas personalmente por ella. Quizá en ese aspecto hay también la intención de sugerir el exilio de la palabra y la acción en la mujer del campo en ese contexto de sumisión e ignorancia.

El tema y sus variantes se exponen a partir de historias encadenadas, siendo disímiles en su estructura, no así en su importancia y significación para el objetivo trazado. Las acciones se suceden en tiempos diferentes, pero ubicadas en una época, en una circunstancia o país determinado.

De ahí que, espacio, personajes y situaciones no son constantes ni se producen en una linealidad territorial ni contextual; antes bien, se intercambian, se entrecruzan, se confunden, se mezclan en busca de una totalidad de contrastes que definan y perfilen mejor la situación concreta que puede ser: cultural, sociológica, histórica, política o psicológica. En algunos cuerpos narrativos, “Tomasa” adquiere ribetes de novela psicológica: Informes de la clínica psiquiátrica donde es internado el personaje. Monólogos, poemas, cartas, garabatos que el interno Gualberto escribe durante sus crisis depresivas. Estos acápites merecen un estudio aparte.

A medida que avanza la narración los personajes se multiplican extraídos de clases sociales distintas y de espacios territoriales diferentes que Decker-Molina encadena a partir de realidades prefijadas: Suecia, Bolivia (La Paz, El Alto, Cochabamba, Ucureña, etcétera).

El último escenario de la novela es un viaje de dos, uno se queda (Gualberto) y el otro se desplaza (narrador), quien debe intentar encontrar las raíces de procedencia, necesarias para el equilibrio emocional del amigo Gualberto con quien comparte experiencias y nostalgias amatorias con Pía, al buen estilo sueco. “Qué más podía hacer si en este país el amor no es propiedad privada”.

El tiempo como producto de la conciencia humana y por eso mismo dependiente de la voluntad, se lo concibe en la novela como constante evocación donde: nada es pasado si lo evocamos, porque al recordarlo lo hacemos presente y por proyección lo hacemos futuro. De esta manera, los episodios narrados se hacen presentes. El relato se retrotrae. Hay una transcripción a la época en que sucedieron. Así, los hechos y acciones se entrecruzan con las historias enmarcadas en su propia dimensión temporal. La historia de Tomasa es la historia de Gualberto y de Fidel (hombre de confianza del candidato Evo Morales y después presidente), oportunidad para describir la concepción de vida, manejo de la justicia y orden asentados sobre una base de explotación, miseria y estancamiento moral y material.

Acordando que el mundo contemporáneo no acepta una visión única, la presencia protagónica de hechos pide un subjetivismo fluctuante que tiene dos salidas: la realista y la subjetiva.

El encandilamiento doloroso de la realidad insoslayable está por encima del deseo obsesivo de escapar de esa muralla que encierra tiempo y espacio inaugurales. La esperanza puesta en la búsqueda, siempre resulta inútil. Entonces abre sus fauces el vacío existencial y en ese caldo de cultivo el protagonista, Gualberto, sólo avizora como necesidad. “Una bolsa de plástico/una cuerda más o menos larga/Si falla, tengo la alternativa de la ventana”. “No vayas a mi encuentro/ Cuando te enteres… seré nada”.

“Tomasa” es la novela de los exilios sin escapatoria.




(*) La autora es escritora.